Es época para filosofar. Para descubrir verdades. Para reflexionar. Para aprender.
Nos pasamos la vida desperdiciando nuestro tiempo, persiguiendo esto y lo otro, sin un propósito claro, sin un sueño que dé justificación a nuestra existencia. Y, en esas, un “don nadie” de bichito, un virus que un roedor con alas le ha pasado a un hombre en el lejano oriente, para de golpe las máquinas del mundo y le pone a nuestras vidas la pausa que las hace falta, nos recluye en nuestras casas y nos concede el regalo más valioso que podemos recibir: TIEMPO. Tiempo para nosotros y sobre todo para pensar, para darnos cuenta de lo que hacemos y de lo que no hacemos, para sacar conclusiones que nos sirvan de cara al futuro.
Tenemos que aprender a cada rato, tenemos que ser alumnos las 24 horas del día los 7 días de la semana. Esa es la actitud adecuada. Es de ese modo como podemos aprender de lo que nos sucede y aprovecharlo para ser mejores. No podemos dejar pasar lecciones como esa. No. De ninguna manera.
Que nos sirva esta coyuntura para empezar a valorar las cosas que realmente tienen importancia, por encima de todas, el tiempo. Pensemos en lo que hacemos con él, pensemos en las cosas por las que lo cambiamos y en si las queremos realmente, en si esas cosas están hechas para nosotros, en si nos llevan a donde, en el fondo de nuestras entrañas, deseamos ir.
No hay comentarios:
Publicar un comentario