viernes, 13 de marzo de 2020

Aprender 24/7


Es época para filosofar. Para descubrir verdades. Para reflexionar. Para aprender. 

Nos pasamos la vida desperdiciando nuestro tiempo, persiguiendo esto y lo otro, sin un propósito claro, sin un sueño que dé justificación a nuestra existencia. Y, en esas, un “don nadie” de bichito, un virus que un roedor con alas le ha pasado a un hombre en el lejano oriente, para de golpe las máquinas del mundo y le pone a nuestras vidas la pausa que las hace falta, nos recluye en nuestras casas y nos concede el regalo más valioso que podemos recibir: TIEMPO. Tiempo para nosotros y sobre todo para pensar, para darnos cuenta de lo que hacemos y de lo que no hacemos, para sacar conclusiones que nos sirvan de cara al futuro. 

Tenemos que aprender a cada rato, tenemos que ser alumnos las 24 horas del día los 7 días de la semana. Esa es la actitud adecuada. Es de ese modo como podemos aprender de lo que nos sucede y aprovecharlo para ser mejores. No podemos dejar pasar lecciones como esa. No. De ninguna manera. 

Que nos sirva esta coyuntura para empezar a valorar las cosas que realmente tienen importancia, por encima de todas, el tiempo. Pensemos en lo que hacemos con él, pensemos en las cosas por las que lo cambiamos y en si las queremos realmente, en si esas cosas están hechas para nosotros, en si nos llevan a donde, en el fondo de nuestras entrañas, deseamos ir.

lunes, 9 de marzo de 2020

Aunque la usura se vista de seda...

Cuando oímos la palabra “usurero” a todos se nos viene a la cabeza alguien que presta dinero a un interés muy alto. Y aunque muchas veces la idea que tenemos de las cosas dista mucho de su concepcion técnica, en este caso podemos decir que legalmente hablando eso es la usura.

La usura se regula por una ley de 1908, una norma que, 112 años después, sigue vigente. Pero cómo puede seguir en vigor una norma tan vieja!...cómo se va a regular la usura con una ley del  siglo pasado! Comentarios así se escuchan a menudo cuando se habla de la usura, pero la conclusión que debe sacarse de ese dato debe ir precisamente por los derroteros contrarios: si una ley sigue en pie tanto tiempo después es porque es una ley excelente, porque cumple su cometido hoy como hace 112 años, porque no ha perdido su vigencia material, es decir, su capacidad para regular la materia de la que se ocupa. 

Ojala tuviéramos muchas leyes “viejas” que regularan conductas “modernas”.
Sería síntoma de buena salud jurídica. Porque - a ver si lo entendemos - que una ley sea vieja no quiere decir que esté desfasada y porque no por mucho legislar se regulan mejor las relaciones jurídicas. Más bien es justo al revés. Cuando las leyes se tienen que modificar al poco de promulgarse es que algo se está haciendo mal. Eso solo genera inseguridad jurídica, la peor enfermedad que puede afectar a un ordenamiento normativo.

En todo caso, si una ley sigue con vida más de 100 años después de su nacimiento significa que la realidad que regula no ha cambiado demasiado con el paso del tiempo. Y efectivamente así pasa con la usura, una práctica que, en nuestros días, en pleno siglo XXI, no solo sigue existiendo sino que está más implantada que nunca.

Tanto es así que hace unos días el Tribunal Supremo ha tenido que pronunciarse sobre el tema - ya lo habia hecho en 2015 pero se ve que algunos no se habían enterado - y por unanimidad ha dicho que los bancos son unos usureros y que las tarjetas de crédito que nos ”colocan” cuando estamos de compras en un centro comercial o mediante esa inesperada llamada de teléfono donde nos relatan sus muchas ventajas pero en la que nunca nos dicen de donde han sacado nuestro numero, son usurarias.

Los bancos - sobre todo la entidad que llevó la cuestión al Supremo en forma de recurso de casación y al que la sentencia recaída ha metido en un berenjenal - esperaban que el Alto Tribunal se saltara su propia doctrina y les echara un “capote” que les librara de tener que devolver millones y millones de euros a los ni se sabe cuántos consumidores a los que han estado esquilmando durante años a base de intereses. Una meta con poco fundamento y sobre todo una mala idea desde el punto de vista estratégico.

Dice el “vejestorio” de la ley de usura que un préstamo es usurario si conlleva un interés notablemente superior al normal del dinero. Al respecto, el Tribunal Supremo tiene establecido que el interés normal del dinero no es el legal, sino el habitual, el normalmente pactado por el prestador y el prestatario. Ahora bien, no es lo mismo un préstamo que otro. No es lo mismo un prestamo hipotecario que un prestamo al consumo. Así que el interés normal del dinero depende del tipo de préstamo de que se trate, de cuál sea el interés que normalmente se aplica en cada tipo de préstamo. 

El problema es que aquí no hay pactos. Aquí es “lo tomas o lo dejas”. Aquí el banco pone las condiciones y el consumidor se adhiere. Preguntémonos entonces: en el caso de las tarjetas de crédito, si los bancos se pusieran de acuerdo y aplicaran un interés del 500%, eso no sería usura? 

Lo más chocante de todo es que con las tarjetas de credito se cree una categoría especial de préstamos al consumo, con unos tipos de interés mucho más altos que los de los préstamos al consumo. Se llamen como se llamen los préstamos materializados en tarjetas de crédito, estamos innegablemente ante prestamos al consumo y sus tipos de interés normales no deberían ser distintos. Por no hablar de que en España los intereses de los préstamos al consumo son un 60% más altos que en Europa. 

La cuestión es: Cómo se justifica que el dinero prestado de esa forma sea tan caro? Es un dinero de superior calidad? Es un dinero “cinco estrellas” que nos permite hacer cosas que no podemos hacer usando otro tipo de dinero? No. Por supuesto que no. No hay más que un dinero y no debería tener más que que un precio. 

Supuestamente lo que justifica un precio mayor para el dinero que se presta via tarjetas de crédito es el mayor riesgo de impago que corre el banco al prestarle dinero. Sin embargo, eso “no cuela” desde el momento en que una de las obligaciones que debe acometer el banco antes de prestar dinero por via tarjeta de crédito es precisamente examinar la solvencia del solicitante. 

Pero, al margen de que la usura es usura se la vista como se la vista, lo más grave de todo este asunto es que los bancos le venden a los consumidores un producto sin explicarles lo que es, ni informarles de las consecuencias económicas que va a depararles. Sencillamente porque si lo hicieran, nadie lo contrataría. Desde luego no creo que nadie en su sano juicio contratara una tarjeta de crédito, por muy gratuita que fuera, si le explicaran que va a pasarse años y años pagando cuotas mensuales sin que su deuda baje ni siquiera un poquito. Porque eso es lo que aquí sucede por increíble que parezca y eso es lo que los bancos deberían explicar a los interesados en este producto para cumplir con el deber de información que les incumbe y superar el control de transparencia material que estos contratos tienen que pasar so pena de nulidad.

No le demos vueltas. Lo que hay detrás de tipos de interés del 25-30% no es más que abuso de posición dominante, aprovechamiento de la ignorancia financiera y de la situación de necesidad del consumidor y ánimo de lucro desmedido. Ya lo dijo Aristóteles, que la usura era la manera más detestable de ganar dinero.