Cuatro escenarios podían darse:
-Primer escenario: Que Depor y Fuenlabrada hubieran conseguido sus objetivos respectivos (salvarse y
jugar play-off de ascenso) tras la disputa del resto de partidos. En
este caso, la decisión no tendría repercusiones. El
Depor y el Fuenlabrada disputarían su partido sin jugarse nada –
probablemente ni se jugaría - y nadie se sentiría perjudicado. Este
sería el escenario perfecto que legitimaría la decisión.
-Segundo escenario – Que ni Depor ni
Fuenlabrada hubieran conseguido sus objetivos tras jugarse el resto
de partidos. En este caso no tendría sentido que hubiera quejas por
parte de otros equipos. Depor y Fuenlabrada jugarían su partido
cuando fuera y ambos tendrían que competir al máximo para conseguir
cada cual su objetivo, de modo que la competición no se adulteraría.
Además y, al igual que en el caso
anterior, el hecho de que el Depor y el Fuenlabrada conocieran
antes de jugar el resultado de los demás partidos no le daría
ventaja a ninguno porque ambos tendrían que competir al máximo en
un caso o bien no necesitarían competir al máximo en el otro.
-Tercer y cuarto escenarios– Que
solo uno de los dos equipos, Depor o Fuenlabrada, siguiera teniendo la
posibilidad de lograr su objetivo una vez jugados el resto de
partidos. Este es el escenario que nos hemos encontrado puesto que el
Depor ya no puede aspirar a salvarse mientras que el Fuenlabrada
sigue aspirando a subir a Primera. El problema es que el Deportivo no
tiene motivos para competir y por tanto el partido con el Fuenlabrada
está adulterado. Otra cosa es quién salga perjudicado.
Así pues, de los cuatro supuestos que
podían darse tras la disputa de la ultima jornada, dos eran buenos y
dos malos a efectos de la decisión de que se trata. Por tanto la
decisión no debió tomarse ya que un 50% de posibilidades de fracaso
es un riesgo inasumible.
En realidad, la decisión no tenía
siquiera un 50% de probabilidad de éxito puesto que la probabilidad
de que ambos equipos mantuvieran o perdieran, los dos, sus objetivos,
es menor que la probabilidad de que uno solo de ellos mantuviera el
suyo y el otro lo perdiera puesto que ambos equipos dependían de que
se dieran, no uno, sino dos resultados en otros tantos partidos -
solo con que no se diera uno de esos dos resultados que en cada caso
hacian falta, entrábamos en el escenario no deseado -.
Ahora bien, ¿quién se ha visto
perjudicado? ¿El Depor? En absoluto. Al Depor le beneficiaba
de hecho la suspensión de su partido con el Fuenlabrada porque de
esa forma sabría lo que habrían hecho los equipos con los que
peleaba por no descender (Lugo y Albacete). Además - y esto es
esencial - al suspenderse el partido del Depor, el Lugo y el Albacete
tuvieron que jugar dando por hecho que el Depor ganaría ese partido.
Y esto mismo vale para los equipos que rivalizaban con el Fuenlabrada
para ascender (Rayo Vallecano y Elche). De hecho, los 4 equipos
mencionados ganaron sus partidos.
A la luz de lo sucedido solo existe un
perjudicado: el Elche. ¿Por qué? Porque el Depor ya no tiene la
posibilidad de salvarse y, salvo motivaciones extraordinarias, eso
hace que el Fuenlabrada vea facilitada la consecución de su objetivo.
Otra cosa es que los positivos por
COVID del Fuenlabrada le lleven a no poder disputar ese partido o se
determine incluso que los jugadores se contagiaron por practicas
negligentes, en cuyo caso la conclusión debería ser que el Elche
disputara la fase de ascenso.
De todas formas, lo de la adulteración
de la competición como principio a preservar resulta insultante.
Porque vivir en una sociedad sin valores es ciertamente difícil,
pero ver cómo esos valores son enarbolados por los mismos que antes
los han tirado a la basura, es misión imposible.